La mirada segura
Hablar de ella no es fácil, quizá porque, a pesar de su talante fuerte y de la seguridad que emana de su trabajo personal, dentro sigue resguardando un mundo sensible, arriesgado y caprichoso, que muchas veces raya lo onírico. Esta combinación la hace diferente y la distingue.
Parece que no hay límites cuando se trata de crear. La capacidad de sorprender y de emocionar la consigue porque está convencida de que las limitaciones son para otros, que no van con ella. Lo afirma con tanta seguridad que es difícil no creer en que será capaz de alcanzar cada una de sus metas y que, cuando lo haga, tendrá la mirada puesta en otras de mayor envergadura. Sin descanso, sin tregua, porque necesita sacar su mundo a través de los colores, de los trazos, de las imágenes. Porque necesita pintar.
Capaz de vivir la vida con pasión desbordada y de pararse luego a observar y a observarse desde la espiritualidad, esta dualidad se plasma en sus diferentes visiones, donde parece que no hay lugar para términos medios. Guisela se mueve desde la explosión a la serenidad, desde los cálidos absolutos a los fríos, pero eso sí, siempre desde un punto extremadamente femenino.
Sus manos largas, de gran belleza, son capaces de echar un pulso a todo lo que se le pone por delante. Desde la espontaneidad, desde el arranque, desde la seguridad absoluta en sí misma y desde el derroche de imaginación, se entrega cada día a descubrir, a crecer y a perfeccionarse en su tarea. Sus cuadros nacen de este arrebato.
Ella ya no podría no pintar. La mirada segura que siempre la ha caracterizado es capaz de proyectarse en cada uno de sus lienzos, envuelta, eso sí, de un halo de sensualidad que se percibe en cuanto nos acercamos a contemplarlos. Una obra que no deja indiferente a nadie y que transmite todo un cúmulo de sensaciones.








